lunes, 24 de agosto de 2015

Provincia y región, huérfanas financieras

Las cajas de Albacete y Castilla-La Mancha, del liderazgo a la desaparición


Se anuncia un ERE extintivo que puede significar el final, en términos reales, de la Fundación Caja Castilla-La Mancha, último vestigio simbólico de lo que fueron las cajas de ahorros de Albacete y de Castilla-La Mancha. El negocio financiero ya se marchó a otras entidades (CCM sólo es una marca comercial, no una entidad financiera), y la Corporación Industrial de la CCM, tras su paso por el Fondo de Garantía, se ha esfumado: los más de mil millones que dijeron que valía se han volatilizado como en un truco de prestidigitación. Ni siquiera conserva el nombre, transformado en Inversiones Corporativas.
La Caja de Albacete fue durante años líder financiero provincial indiscutible, por recursos, por presencia, y por un número de impositores que superó los 300.000 en una provincia como esta; aunque ya estaba tocada cuando se fusionó para formar la CCM. La entidad regional mantuvo buena parte de ese protagonismo económico-social. Luego, su nefasta gestión, fruto directo del control caciquil que sobre ella practicó el Gobierno regional, minó su consistencia hasta imponer la intervención que llevó a su desaparición efectiva.

Estos son algunos de los hitos de la historia de las cajas provincial y regional:




Aún quedan flecos. Puede que finalmente se deje un residuo, cada vez más simbólico, de la Fundación. Puede que se aguante un tiempo la marca CCM en letreros y carteles. Puede que, algún día, la absorción (por Cajastur, Banco Liberta, Banco Castilla-La Mancha, Liberbank) se cierre, porque aún está en vigor (hasta el 31 de diciembre de 2016) la prórroga del Fondo de Garantía a su "Esquema de Protección de Activos" de hasta 2.475 millones de euros. El balance final está por hacer. Puede que algún día los tribunales encuentren responsabilidades en lo que se hizo en la CCM. Llegará el momento de hacer las autopsias.
Mientras tanto, ni la provincia ni la región tienen ya las entidades financieras que tuvieron; solo los herederos de las antiguas cajas rurales (con la marca Globalcaja) han aprovechado parte del vacío para consolidar su negocio. Pero aún están muy lejos de emular aquellos tiempos en que "la Caja" no necesitaba apellidos.